jueves, 3 de septiembre de 2015

Europa no es Calipso

Las imágenes desoladoras de seres humanos tratando de alejarse de los males que persiguen a sus respectivos países vuelven a las costas del Viejo Continente. Miles de refugiados huyen de sus orígenes para tratar de buscar una mejor oportunidad o, en otros casos, salvar sus vidas. Nadie puede contradecir que la emigración es una característica perenne en las personas desde tiempos inmemoriales.  Si en un lugar concreto no se dan las condiciones para mejorar la calidad de vida, quizás en otro espacio geográfico sí se den. "Life, Liberty and the pursuit of Happiness", es una de las frases de los “derechos inalienables” de los seres humanos que se recoge en la declaración de independencia de las Trece Colonias americanas en 1776 y, refutada siglos después en la de los Derechos Humanos tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. 

Pero Europa no es Calipso como estamos observando estos últimos días con las decisiones poco valientes que están tomando los dirigentes europeos. Pero, ¿por qué?

Según cuenta la mitología griega, Calipso -llamada por Homero “la que oculta”-, recibió hospitalariamente a Ulises cuando su nave naufragó. En la Odisea, se cuenta como Calipso, enamorada profundamente del héroe homérico, lo retiene contra su voluntad en la isla donde Calipso residía durante mucho tiempo atrás. Sin embargo, el héroe sentía la necesidad de regresar a su hogar Ítaca. Para su viaje de regreso, le proporcionó al héroe madera para construir una embarcación, provisiones para el viaje, e indicaciones de cuales astros debía seguir para encontrar el camino a casa.
Calipso contempla a un Ulises nostálgico de su patria. / Arnold Böcklin (1883)

De esta manera y, siguiendo con el símil mitológico griego, Europa se queda petrificada ante la magnitud del problema mientras que miles de refugiados desembarcan en sus costas o atraviesan las fronteras geográficas. Si Calipso proporcionó madera, provisiones y consejos a Ulises para su retorno, Europa –y por ende los países que componen esta unión monetaria- solo ofrece hasta el momento mezquindad, frialdad y en demasiadas ocasiones la muerte.
La gota que colma el vaso, ha sido la foto del cuerpo de un niño yaciendo en la arena de las playas turcas. En las redes sociales turcas, ante la repulsa de dicha imagen, surgió un hashtag (#kiyiyavuraninsalik), que significa “la humanidad se estrella en la costa”. Sobran las palabras.

En Construyendo Capital Humano ya hemos mencionado en anteriores ocasiones temas como la emigración o de cómo Europa tiene una fragilidad sorprendente en su memoria colectiva. Hace apenas 70 años el hedor de la muerte seguía presente en las principales ciudades del Viejo Continente. Sin olvidar los millones de refugiados que produjo una de las guerras más devastadoras que el ser humano ha sido capaz de crear. Hace unas décadas eran los europeos quienes estaban en las mismas condiciones de aquellos que deciden atravesar mil y una aventuras –y desventuras- en busca de una mejor oportunidad.


La falta de respuesta a la migración en Europa es ya, sin discusión, el asunto más urgente a resolver por los líderes europeos. El camión-frigorífico averiado y abandonado en una cuneta austríaca, con 70 cuerpos de personas en descomposición, o la embarcación siniestrada cerca de la costa libia, con 150 náufragos ahogados requiere de un compromiso más serio y eficaz por parte de Europa.

1 comentario:

  1. La solución no vendrá solo de los líderes políticos (y menos de los que usan la política para sus intereses personales), sino también y sobre todo de los líderes del mundo empresarial y social, capaces de "conseguir" y "entusiasmar" más que de "mandar".

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